 | Martes, 9 de febrero de 2010 |
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Santuario de los Mártires de Valdecuna _ |
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_ Es un ejemplo arquitectónico de gran relevancia, pero posee igualmente el valor de la devoción popular por los santos Cosme y Damián de gran arraigo en el concejo y el de su fiesta y romería -que tiene lugar el 27 de septiembre- con numerosa asistencia de público. Se enclava en una suave ladera que domina una hermosa panorámica, y se rodea de prados y arbolado que configuran un ameno entorno favorecedor para el inmueble; los trabajos de adecentamiento del área fueron ejecutados por una escuela taller municipal, así como la restauración que se interrumpió momentáneamente en 1995 por un incendio. Del estudio realizado por Silverio Cerra (1992) se desprende que la capilla original databa de época altomedieval y se dedicaba a San Esteban; el ara primigenia se halló bajo el presbiterio en 1960 y constaba de columna, mesa y un relicario. La fábrica que hoy contemplamos data de la primera mitad del siglo XVIII y ha sido atribuída por J. González Santos al arquitecto asturiano Pedro Muñiz Somonte, autor de la parroquial de Luanco. El modelo de iglesia con torre a los pies y pórticos laterales, con cubiertas abovedadas en arista era también el de San Juan de Mieres, como hemos apreciado en distintas fotografías antiguas del fondo de la familia Fernández Cabeza; con variantes y en versión más tosca se repite en la parroquial de Zureda y Jomezana en el vecino concejo de Lena. Su relación con los Vázquez de Prada del palacio del Valleto es histórica, y contó con una capellanía vinculada al mayorazgo de esta casa noble. El Santuario obedece a un barroco sobrio: es de planta de cruz latina, con muro testero recto al que se adosan sendos contrafuertes que absorben los empujes de la cubierta abovedada, y torre sobre los pies que enlaza con los pórticos laterales; adosada al muro derecho se presenta una sacristía. El aparejo aúna mampostería pétrea y sillar para los elementos destacados (pilastras, imposta, cornisa moldurada, embocadura de vanos), se presenta visto al exterior y enlucido y pintado en el interior. El cabildo se cierra por murete de piedra en el que apean pies derechos de madera; ante la puerta principal arcos torales de medio punto de buen sillar enlazan los machones, soportando una bóveda de crucería que se corresponde con el piso inferior de la torre. Ésta es de planta cuadrada y sus muros son reticulados mediante pilastras angulares e imposta; se abre mediante un óculo, un arquillo y un balcón. Al interior accedemos mediante una cuidada portada arquitrabada enriquecida con molduras y orejas, en cuya clave se labran semicírculos; la puerta es de doble hoja de madera tallada en cuarterones. La nave recibe a los pies un coro de madera con barrotera torneada a la que conduce una escalera de caracol de piedra y se divide en dos tramos cubiertos mediante cañón con lunetos. Se decoran las cubiertas con pinturas muy deterioradas; las bóvedas más próximas a la cabecera obedecen a un esquema conservado en el palacio del Valleto firmado por Francisco Javier González (A. Montero Prieto, 1995) datadas en el siglo XVIII y fingen nervios y claves, motivos vegetales, rocalla, alusiones simbólicas al martirio como son la palma, la corona y la espada, y otros referidos a la farmacopea y medicina, profesión de los santos titulares. Las pinturas del segundo tramo han sido fechadas por C.Burgos (1997:289) en el siglo XIX. Un arco triunfal de medio punto sobre pilastras de capitel impostado se sitúa ante la cabecera; ésta recibe un pavimento de lajas y se aboveda con crucería de cinco claves, la central decorada con una corona y florón. En las capillas laterales la cubierta es igualmente de crucería con claves sogueadas y cruces inscritas, cuyos nervios descansan en mensulillas gallonadas con anillas molduradas. De los retablos originales barrocos, que habían sido pintados y dorados en 1740, hay que lamentar su destrucción durante la guerra civil. El retablo mayor, de piedra, data de 1960 y se adorna con símbolos alusivos a los santos mártires; se conserva otro menor de estilo neoclásico (C. Burgos, 1997:289). Las tallas de factura popular y época barroca de San Cosme y San Damián y el cepo limosnero del siglo XVIII decorado con sus efigies y utilizado antaño por los necesitados de la parroquia de Valdecuna completan el patrimonio de este santuario, que fue declarado Monumento Histórico Artístico. Mencionamos en último lugar la Casa de Novenas, de sencilla estructura pero cuyo valor estriba en la conservación de su distribución interior, netamente tradicional: cuadras en el piso inferior con entrada desde el flanco, cocina de suelo de llábana con el hogar terreno y el escaño y alcobas. Los materiales son asimismo habituales: caja de muros de mampostería de piedra y carpintería de madera, empleada como estructura en la cubierta, bajo la teja curva. |
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